Pasaron los días, y yo seguía dándole mil vueltas. En realidad ya no podía estar más claro, no? Quién no lo aceptaría sólo por el hecho de todo lo que ya había pasado? Sin embargo yo seguía sin poder tomar la decisión. Todavía no tenia la paz.
Pero finalmente llegó. La primera vez que la sentí fue momentáneo y no duró más de un minuto. Pero la sentí. Era el dia de Nochebuena y lo habiamos celebrado en casa de mis abuelos. Un dia agradable lleno de tradición escandinava. Habiamos pasado el dia entero en su casa y sobre las 20.00 mi abuelo nos llevó en su coche a casa de mi hermana.
La casa de los abuelos está en la otra punta de la ciudad, pero como no es una ciudad grande el viaje en coche no son mas de 10 min. Ibamos por una carretera que circula la ciudad. Ya hacía unas 5 horas que el sol se había puesto bajo el horizonte, y se veían las luces de la ciudad brillar a nuestra izquierda. Fue en ese momento que sentí la paz y que la idea de dejar todo en Tarragona y venirme a vivir aquí no me terrorizaba. Pero la sensación duró poco; en seguido empecé a pensarlo mejor (a veces pienso que no debería pensar tanto) y esa paz/tranquilidad desapareció.
La segunda vez fue el siguiente domingo (que era mi última día en Falun; al dia siguiente ya estaría viajando de vuelta a Tarragona), cuando estuve en el culto de la mañana. Llegamos unos 5-10 minutos antes de que empezara y estaban ensayando unas canciones. Era algo muy sencillo, pero en ese momento la noté otra vez.
Y tambien alguna vez más durante la reunión. Eran instantes breves, pero sabía perfectamente que era lo que estaba sintiendo.
Ya antes de salir de casa ese domingo por la mañana lo tenía casi decidido, pero la decisión definitiva la tomé unas horas más tarde.

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