Según el filósofo de la religión Richard Swinburne, la experiencia religiosa personal es uno de los argumentos más potentes a favor de una existencia divina. Aquí viene una.
Ya ha pasado un mes y medio desde el "gran cambio", pero pocos saben realmente por qué lo hice, y como fue el proceso de tomar esta decisión tan radical.
No es ningún secreto que el trabajo empezaba a parecerme monótono y de cierta manera se podría decir que llegaba a aburrirme un poco, pero sólo esto no sería suficiente para que yo lo dejara todo de esta manera. No iba a abandonar la seguridad y la comodidad que este trabajo me aportaba así porque sí.
Pero en junio del 2014 empecé a sentir algo que sabía que llegaría. Durante todo este tiempo había intentado vivir de una manera sin arraigarme o "atarme" demasiado para estar libre cuando llegara el momento: alquilar un piso en vez de "hipotecarme"; ahorrar el dinero hasta tenerlo todo antes de comprar el coche; incluso tener un contrato de telefono sin permanencia!
En pleno verano, disfrutando del piso, la playa y el trabajo "fácil" empecé a sentir que tenía que dejarlo todo por un tiempo. Siendo como soy, no me gustó nada este sentimiento. Y me preocupaba. Mucho. No había fin a las preguntas y pensamientos en mi cabeza:
"Que haré? A donde iré? Dónde viviré? De qué viviré? Realmente debo dejar el trabajo? Tener un trabajo como este en España ahora es todo un lujo! La gente pensará que estoy loco! Y el piso!!?? Me encanta este piso!! Esta tan cerca de la playa!! Y las vistas!! Será imposible encontrar algo igual que esto!..."
Le estuve dando muchas vueltas sin contarselo a nadie. Unos dias más tarde coincidió que nos visitó un grupo de jóvenes de Skellefteå, Suecia, y durante una reunión un sábado por la noche tuvimos un tiempo de oración en pequeños grupos de 3 personas. El responsable del grupo y un buen amigo, G.J., oró por mi y oró justamente por esta situación (sin saber nada!); oraba que el Señor me guiara y que me mostrara durante la semana siguiente el camino que debía tomar (así de concreto!).
Seguí meditándolo sin revelarlo a nadie hasta el martes siguiente. Tocaba la gavilla [reunión en grupo reducido que se hace en las casas] y fui, pensando que sería igual que cualquier otra. Había preparado el estudio como siempre y fui a la reunión como solía hacer. Nada más entrar en la casa me preguntaron si me pasaba algo; aparentemente todas las preocupaciones que llevaba dentro se expresaban en mi rostro. Evité responder a la pregunta, pero al llegar el momento de las peticiones decidí compartirlo y ponerlo en oración. En ese momento todavía no lo tenía nada claro. Simplemente dije que desde hace unos dias habia empezado a sentir que quizas habia llegado el momento de desconectar de todo (con enfasis en "todo").
Pasamos al estudio que trataba sobre el llamado de Eliseo (1Reyes 19:19-21). No había caido mientras que lo preparaba en casa, pero cuando lo estaba explicando me sentí tan identificado que tuve que pausar varias veces. Nunca me había pasado algo así en una "simple" gavilla!
Pasamos al estudio que trataba sobre el llamado de Eliseo (1Reyes 19:19-21). No había caido mientras que lo preparaba en casa, pero cuando lo estaba explicando me sentí tan identificado que tuve que pausar varias veces. Nunca me había pasado algo así en una "simple" gavilla!
Más adelante, el domingo, acompañé a mis padres a Cambrils donde mi madre iba a predicar. El mensaje que compartió era palabra directa a mi situación (y eso que todavía no les habia contado nada a mis padres!). El título de la predicación era "Levántate y replandece" y dió varios ejemplos de distintas personas que Dios llamó, y como estos obedecieron al llamado. El ejemplo que más me llamó la atención fue el llamado de Jesús a Mateo/Leví, donde dice en Lucas 5:28
"Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió."
"Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió."
Además, durante este tiempo estaba leyendo un libro del teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer llamado "Discipleship" (El discipulado) que trataba justamente el tema del llamado de Dios a nuestras vidas.
Despues de una semana más pensando en ello llegué a la conclusión que todo esto no podía ser coincidencia; que Dios realmente me estaba pidiendo que lo dejara todo durante un tiempo, y tenía que tomar una decisión.
Un domingo despues del culto, estando en casa se lo conté todo a mi padre. El entendía que esto era algo muy personal entre Dios y yo, pero me dijo que tanto él como mi madre me apoyarían. Esa misma noche redacté un mail para los propietarios de mi piso explicando que lo dejaría el 30 de septiembre. Unos pocos dias despues hablé con mi jefe solicitando una excedencia de 4 meses a partir del 1 de octubre (aunque al final tuve que solicitar la baja voluntaria).
Durante todo el proceso estuve sintiendo cierta preocupación, pero desde el momento que tomé la decisión, cuando pensé "vale, lo hago!", desde ese instante solo sentí paz en este tema (y para los que me conocen saben que sólo esto es un milagro en sí!).

